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Corría diciembre del año 1931 cuando, la desconocida Clara Campoamor diputada por el Partido Radical, un grupo que se declaraba: republicano, liberal, laico y democrático, conseguía desde las Cortes la llegada de la mujer a las urnas. Sin embargo, no sería hasta 1933 cuando esa llegada se hizo efectiva y se produjo el primer voto femenino. Fue un hito en España, su mérito fue conseguir en las Cortes lo que otras, como las británicas, lo hicieron desde la calle.
A ningún político de ninguna época, a ningún diputado o representante del pueblo debe tanto la democracia en España como a Clara Campoamor. Le debemos nada menos que el sufragio universal, idea aparentemente muy admitida pero que para hacerse realidad precisa que las mujeres tengan los mismos derechos electorales que los hombres, durísima tarea que ha consumido en casi todos los países las energías de varias generaciones de mujeres y de hombres amigos de la igualdad. En el nuestro, se consiguió de golpe, sin aparente esfuerzo, porque el esfuerzo lo hizo una persona sola. Este aniversario ha querido ser reivindicado por la secretaría de Estado de Igualdad y el Instituto de la Mujer con una mesa académico- cultural que tuvo como invitados a la cineasta Icíar Bollaín, entre otros. Celebrada en el madrileño Círculo de Bellas Artes, la cita ha supuesto un recordatorio del glorioso pasado y una reivindicación para el incierto futuro. |